Las Musas

Hace un par de meses que se puso en contacto conmigo la gran Irene Cruz, la invisible, mi queridísima. Esa mente creadora que no conoce de descansos y siempre se empeña en seguir mostrando la naturaleza del mundo vivo, del aquel lleno de brillantez y cuerpos peregrinos en el eterno azul. Su correo llegó al amanecer, como esas veces que se recuerda haber soñado toda la noche, y que en realidad es el colofón de las imaginaciones de nuestro descanso, aquellas que se suelen recordar como las más vívidas. Apenas pude entreabrir los ojos y comenzar a leer. Sus palabras fueron directas y emocionadas. Tuve que incorporarme a leer una segunda vez aquella propuesta en la que me invitaba a colaborar de lleno junto a ella en un proyecto de lo más hermoso. ¿Mi parte?, hacerme cargo de escudriñar en mi vocabulario y armar un texto que funcionara de estandarte para una colección de fotos en la que ella venía trabajando no hace mucho. El título lo cubre todo. Y es que al momento en que uno se atreve a pronunciar sus dos sílabas, el universo se inclina ante sus mismas infinidades.

Musas. Las musas. Ahora se trata de mis versiones a la distancia, a la incógnita de saber hasta dónde es que llegarán un manojo de palabras, de enredos bien intencionados y dirigidos, primero, a los ojos de ellas, las que inspiran. No suelo hablar mucho de mí ni de mis andanzas, pero esta vez me siento no sólo contento y satisfecho, sino también sabedor de que vivo una época en la que es casi imposible esconderse y dejar lo de uno para uno mismo. Cuando empecé a escribir, una parte de mí sentía la curiosidad de saber hasta dónde es que podía llegar todo aquello. Con el tiempo, esa curiosidad fue mutando y se convirtió en simple necesidad por escribir, por dejar plasmado (fuera donde fuera), los pensamientos que la mayoría de las veces buscaba sólo entender yo. Estos últimos meses, esa curiosidad se ha hecho presente en forma de hambre por llegar hasta donde han llegado mis palabras. Porque se siente bien pertenecer desde aquí, pero debe sentirse mucho mejor ser, estar y crear sin parar desde cualquiera de los sitios a los que se llegue.

La regla se cumple y se antoja pensar que el ciclo vuelve a su origen. Y es que ya sea que las musas descansen en un bosque, tras nacer de la mirada de la madrileña descalza; o decidan presentarse en forma de una ilustración reinventada de Conrad Roset, a manos de la madre de un super beagle, ellas siempre estarán rondando mi pluma. Como todos, yo también tengo las mías y estos días me sacuden la cabeza esperando describirlas.

Por lo pronto nos descubren los creyentes que entienden de este tipo de suertes necesarias para subsanar el vacío. Desde aquí un agradecimiento total al equipo que conforma la Fifty dots Gallery, por permitirme un espacio entre sus líneas. Pero sobre todo, gracias una vez más a Irene por la incansable confianza, por atarme a este todo,  por permitirme ser desde el otro lado del mundo.

Así empezará el próximo año, otra medida de tiempo. Ya en su momento me encargaré de reseñar a fondo este proyecto. Así, como se debe hacer.

Hasta otra…

 

Irene Cruz (Facebook, Instagram, Blogspot)

Fifty dots Gallery (Facebook, Instagram)

Conrad Roset
(Facebook, InstagramBlogspot)

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s