Noviembre 29

Imagino tu boca.

Muda.

Al igual que la cera del borde de tantas

luces revueltas.

Albergo tu espalda: el lienzo suicida,

oculto en las ganas.

La cuido en mis letras. ¿Qué vale la pena?

¿Tu boca? ¿Las horas? ¿La pena?

Escribir de nada, por nada se queda.

Tu boca me llama.

Ya no estás muerta.

 

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